La expansión del comercio electrónico mexicano convive con una estructura productiva donde la digitalización avanza a ritmos distintos según tamaño de negocio, territorio y capacidad operativa.
El comercio electrónico ya forma parte de la economía mexicana, pero su incorporación a la producción local no ocurre de manera uniforme. De acuerdo con el INEGI, el Valor Agregado Bruto del Comercio Electrónico alcanzó en 2024 una participación equivalente a 6.9 % del PIB, con un crecimiento real de 7.1 % frente al año anterior. Esa expansión confirma la importancia económica del canal digital, aunque no describe por sí sola cómo participan los establecimientos productivos, comerciales y de servicios en el territorio.
La transición entre producir localmente y vender por medios digitales depende de condiciones que no están distribuidas de forma pareja: acceso a internet, escala empresarial, capacitación, intermediación, medios de pago, logística y cercanía con mercados urbanos. En México, la venta digital no sustituye al comercio físico; se superpone a él y revela brechas previas.
La venta digital local en México crece sobre una base productiva fragmentada
La economía mexicana está compuesta mayoritariamente por unidades pequeñas. Los Censos Económicos 2024 del INEGI reportaron 5.4 millones de unidades económicas del sector privado y empresas paraestatales; las microempresas representaron 95.4 % del total, aunque aportaron 16.0 % del valor agregado censal bruto. Esta estructura influye directamente en la manera en que la producción local entra al comercio digital.
La digitalización empresarial todavía es limitada frente al tamaño del universo económico. En 2023, solo 26.4 % de las unidades económicas utilizó internet para realizar sus actividades, y 25.4 % usó equipo de cómputo o tableta. Aunque ambos indicadores aumentaron respecto de mediciones anteriores, muestran que una parte amplia de la actividad productiva sigue operando con baja integración tecnológica.
La brecha se vuelve más visible al observar la venta en línea. En 2023, 5.6 % de las unidades económicas efectuó ventas por internet y 6.5 % realizó compras por ese medio. La cifra creció frente a 2018, pero sigue siendo reducida si se compara con el avance general del consumo digital. Para los negocios locales, vender digitalmente no implica únicamente abrir un canal; supone resolver procesos de inventario, atención, cobro, entrega, facturación y trazabilidad.
La escala empresarial condiciona la transición digital
El tamaño de las unidades económicas es uno de los factores más visibles en la adopción de ventas digitales. Según los Censos Económicos 2024, 33.0 % de las unidades grandes realizó ventas por internet en 2023, frente a 28.7 % de las pymes y 4.4 % de las microempresas. Esa diferencia señala una transición desigual: el acceso técnico puede estar disponible, pero la capacidad de operar el canal digital varía de manera significativa.
La concentración del valor también revela asimetrías. Las ventas por internet representaron 20.2 % del ingreso total de las unidades económicas; dentro de ese valor, las pymes concentraron 50.1 %, las grandes 42.2 % y las micro 7.8 %. La producción local de menor escala participa en el entorno digital, pero su peso económico es proporcionalmente menor.
Las modalidades de venta muestran otra capa de esta transición. Entre las unidades económicas que vendieron por internet, 61.1 % utilizó la página web de la propia unidad, 38.2 % páginas de terceros y 24.3 % redes sociales. En manufacturas, las redes sociales tuvieron una participación relativamente mayor que en otros sectores, lo que sugiere formas de digitalización más dependientes de canales accesibles y menos integrados a sistemas comerciales complejos.
Territorio, conectividad y consumo digital no avanzan al mismo ritmo
La expansión de usuarios de internet no se distribuye igual en todo el país. La ENDUTIH 2025 del INEGI estimó 104.9 millones de personas usuarias de internet, equivalentes a 86.1 % de la población de 6 años y más. También reportó que 31.1 millones de hogares tenían acceso a internet, 78.3 % del total nacional.
Ese avance convive con brechas estatales y urbano-rurales. En 2025, las entidades con mayor porcentaje de población usuaria de internet fueron Nuevo León, Baja California y Quintana Roo; en contraste, Oaxaca y Chiapas registraron los porcentajes más bajos. En hogares con internet, Ciudad de México, Nuevo León y Baja California encabezaron la medición, mientras que Veracruz, Oaxaca y Chiapas se ubicaron al final.
La desigualdad territorial también aparece en los usos comerciales de internet. La ENDUTIH identificó en 2025 una brecha de 20.9 puntos porcentuales entre ámbitos urbano y rural en compras de productos o servicios por internet, y de 21.7 puntos en pagos realizados vía internet. Para la producción local, esto significa que la presencia digital no depende solo del negocio, sino del entorno donde se produce, se paga, se entrega y se consume.
Un cambio estructural todavía incompleto
La producción local y la venta digital en México forman parte de un mismo proceso económico, pero no de una misma velocidad. El comercio electrónico crece como componente del PIB y del consumo, mientras muchas unidades productivas mantienen una adopción tecnológica parcial. El resultado es un ecosistema híbrido: establecimientos que producen, venden y distribuyen en circuitos físicos, pero que incorporan herramientas digitales de manera gradual y desigual.
La transición no puede leerse únicamente como expansión tecnológica. También expresa diferencias de escala, territorio, formalización, infraestructura y capacidad operativa. En ese cruce se define una parte relevante del comercio digital mexicano: no solo por cuánto vende en línea, sino por quiénes logran integrarse, desde dónde lo hacen y bajo qué condiciones económicas.