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Análisis, contexto y datos sobre comercio digital en México.


El comercio digital de servicios en México: una economía menos visible que la venta de productos

El comercio digital de servicios en México crece entre pagos, suscripciones, movilidad, educación, telecomunicaciones y atención especializada, aunque su presencia pública suele quedar opacada por el comercio de productos físicos.

En México, la conversación sobre comercio digital suele concentrarse en paquetes, entregas, anaqueles virtuales y productos de consumo. Sin embargo, una parte relevante de la economía digital ocurre en operaciones menos visibles: contratación, pago, reserva, gestión o consumo de servicios mediante canales digitales. La medición del comercio electrónico del INEGI considera la compra, venta o intercambio de bienes, servicios e información a través de redes informáticas, aun cuando el pago no necesariamente ocurra en línea. Esta definición permite observar una economía digital más amplia que la venta minorista tradicional. En 2024, el Valor Agregado Bruto del Comercio Electrónico se ubicó en 2,308,458 millones de pesos a precios corrientes; dentro de esa medición, el rubro de “otros servicios” representó 51.3 %.

El comercio digital de servicios en México frente al peso simbólico de los productos

La venta de productos físicos tiene una presencia más reconocible porque deja huellas materiales: inventarios, envíos, centros de distribución, devoluciones y entregas a domicilio. Los servicios digitales, en cambio, suelen integrarse a rutinas cotidianas sin producir un objeto visible. Un pago de servicios, una operación bancaria, una consulta, una reservación, una suscripción o una contratación especializada pueden ocurrir dentro de una aplicación, un portal o un sistema de mensajería sin que el proceso sea percibido como parte de una misma economía.

La ENDUTIH 2024 del INEGI estimó 100.2 millones de personas usuarias de internet en México, equivalentes a 83.1 % de la población de seis años y más. En ese entorno, 35.8 % de las personas reportó hacer compras por internet, mientras que los pagos vía internet alcanzaron 33.0 % y las operaciones bancarias en línea 30.3 %. La frontera entre comprar, pagar y gestionar servicios se vuelve menos clara cuando la vida digital incorpora trámites financieros, consumo cultural, transporte, educación y servicios profesionales en una misma infraestructura de conectividad.

Una economía de interacción, no solo de transacción

El comercio digital de servicios no se agota en el momento de pago. En muchos casos, el canal digital funciona como punto de consulta, comparación, contratación, seguimiento, cancelación o atención posterior. Esa diferencia ayuda a explicar por qué los servicios suelen tener menor visibilidad estadística y narrativa que los productos: la operación puede fragmentarse en varias interacciones y no siempre concluye con una entrega física.

El Estudio de Venta Online 2025 de la AMVO reportó que más de 67 millones de personas adquirieron algún producto o servicio por internet durante el último año. El mismo estudio señala que su medición contempla más de 15 categorías de servicios en línea y analiza tráfico digital en industrias de retail, servicios online y viajes. La existencia de estas categorías confirma que el comercio digital mexicano no se limita al intercambio de mercancías, sino que incorpora sectores donde el valor se expresa como acceso, gestión, atención, traslado, contenido, intermediación o continuidad de uso.

En el segmento de servicios, la AMVO identifica pagos de servicios, servicios bancarios, suscripciones, telecomunicaciones, movilidad urbana, espectáculos y eventos, viajes, hospedaje, servicios financieros, servicios médicos en línea, cursos educativos, mensajería, bienestar personal y servicios especializados. Entre las categorías con mayor proporción de compradores por primera vez aparecen mensajería, servicios médicos en línea y bienestar personal; mientras que servicios bancarios, telecomunicaciones y suscripciones muestran mayor recurrencia.

Brechas territoriales en la compra de productos y servicios por internet

La expansión del comercio digital de servicios no ocurre de manera homogénea. En 2024, la ENDUTIH registró que comprar productos o servicios por internet alcanzó 39.2 % entre personas usuarias del ámbito urbano y 19.1 % en el rural. La misma encuesta reportó brechas superiores a 20 puntos porcentuales entre ambos ámbitos en pagos por internet, operaciones bancarias en línea y compra de productos o servicios.

Estas diferencias muestran que el comercio digital de servicios depende de condiciones que van más allá de la disponibilidad de una oferta en línea. La conectividad, la bancarización, la confianza en los pagos, la cobertura de servicios, la alfabetización digital y la densidad económica local influyen en la forma en que una persona puede contratar o pagar servicios por medios digitales. En ese sentido, el comercio digital mexicano no solo expresa hábitos de consumo; también refleja desigualdades territoriales previas.

La ENIF 2024, elaborada por INEGI y CNBV, permite observar otro componente de esa transición: el efectivo disminuyó como medio de pago frecuente en compras menores y mayores a 500 pesos, mientras que las tarjetas y transferencias electrónicas incrementaron su participación. El mayor crecimiento se presentó en transferencias electrónicas o aplicación de celular para compras mayores a 500 pesos, con un aumento de 4.8 puntos porcentuales respecto a 2021.

Pagos, plataformas y registros: la infraestructura silenciosa del servicio digital

En los servicios, la infraestructura de pago tiene un papel central porque muchas operaciones no dependen de logística física, sino de validación, autorización, confirmación y continuidad. La ENIF 2024 reportó que aumentó el pago con transferencia electrónica en establecimientos o servicios; los mayores incrementos se observaron en pagos de servicios públicos o privados y transporte. Además, entre 2021 y 2024, el uso de aplicación de celular para consultar o hacer movimientos en cuentas pasó de 54.3 a 69.1 % entre la población de 18 a 70 años con cuenta de ahorro formal.

Este desplazamiento no elimina el papel del efectivo ni resuelve las brechas territoriales, pero sí muestra un cambio estructural: parte del comercio digital de servicios se organiza alrededor de pagos recurrentes, validaciones remotas, cuentas digitales, comprobantes electrónicos y acceso móvil. La economía que emerge de estos procesos no siempre aparece como comercio en la percepción pública, aunque participa en el valor agregado, en la organización del consumo y en la forma en que hogares y empresas interactúan con servicios cotidianos.

La menor visibilidad del comercio digital de servicios no implica menor relevancia. Su peso radica en que conecta sectores distintos —financieros, educativos, médicos, culturales, administrativos, de transporte y comunicación— dentro de una misma capa digital. En México, esa capa no sustituye por completo las formas presenciales ni elimina las desigualdades de acceso; más bien las reorganiza, las hace medibles de otro modo y coloca a los servicios como una parte central de la economía digital contemporánea.

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