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Análisis, contexto y datos sobre comercio digital en México.


Acceso a internet en hogares mexicanos: la base material del comercio digital

La conectividad doméstica no explica por sí sola el crecimiento del comercio electrónico, pero sí define una parte esencial de sus posibilidades reales en México.

El comercio digital empieza antes de la compra

Una operación de comercio digital no comienza necesariamente en el pago ni en el carrito. Antes de cualquier transacción existe una condición más básica: la posibilidad de conectarse con estabilidad desde la vida cotidiana. En México, esa condición se concentra principalmente en el hogar.

La ENDUTIH 2024 reportó que 73.6 % de los hogares del país contó con acceso a internet. La misma encuesta registró que 83.1 % de la población de 6 años y más usó internet durante ese año, mientras que el uso fue de 86.9 % en zonas urbanas y de 68.5 % en zonas rurales. Estos datos colocan a la conectividad doméstica como una pieza estructural para comprender el alcance real del comercio digital en México.

El comercio electrónico suele observarse desde las plataformas, los medios de pago o las categorías de productos. Sin embargo, su base material está en otra parte: hogares conectados, dispositivos disponibles, redes fijas o móviles y rutinas familiares ya integradas a internet.

Qué dicen los hogares con internet sobre el comercio digital en México

El acceso a internet en hogares mexicanos no debe leerse solo como indicador tecnológico. También funciona como una señal de integración cotidiana a servicios, información, comunicación, entretenimiento, trámites y consumo. Cuando el acceso está instalado dentro del hogar, la relación con internet deja de depender exclusivamente de espacios externos o de momentos aislados.

En 2024, los mayores porcentajes de hogares con internet se registraron en Ciudad de México y Sonora, ambos con 84.4 %, seguidos por Nuevo León, con 83.7 %. En el extremo opuesto estuvieron Guerrero, con 58.9 %; Oaxaca, con 55.5 %, y Chiapas, con 50.7 %. La diferencia entre entidades muestra que la conectividad doméstica avanza, pero no se distribuye con la misma intensidad territorial.

Esta desigualdad no cancela el comercio digital en las zonas con menor acceso, pero sí modifica sus condiciones. Donde la conexión doméstica es más limitada, la navegación, la comparación de opciones, el seguimiento de pedidos o el uso de pagos digitales pueden depender más del teléfono móvil, de conexiones intermitentes o de lugares externos al hogar.

El hogar conectado como espacio de decisión

El hogar no solo es un punto físico de conexión. También es el lugar donde muchas decisiones digitales se procesan con más tiempo: búsqueda de información, revisión de precios, lectura de condiciones, consulta de envíos, confirmación de pagos y seguimiento posterior a una compra.

La ENDUTIH 2024 permite ubicar esta relación con mayor precisión. En ese año, 35.8 % de las personas usuarias de internet realizó compras en línea. Las principales adquisiciones fueron artículos de uso e higiene personal, con 77.9 %; artículos para el hogar, con 45.8 %, y alimentos y bebidas, con 33.0 %.

Estas cifras no significan que todo hogar conectado sea automáticamente un hogar comprador. La conectividad es una condición necesaria, pero no suficiente. Entre el acceso a internet y la compra intervienen otros factores: confianza, bancarización, experiencia digital, logística, capacidad de pago y familiaridad con los procesos en línea.

Por eso, la conectividad doméstica debe entenderse como una base habilitante. Permite que el comercio digital forme parte de la rutina, aunque no garantice por sí misma una transacción.

La calidad de la conexión también forma parte del mapa

El acceso no se reduce a estar conectado o no estarlo. La calidad, velocidad y tecnología disponible también influyen en la experiencia digital. El IFT reportó que, al tercer trimestre de 2024, el servicio fijo de internet alcanzó 73 accesos por cada 100 hogares. También señaló que los accesos con velocidades mayores a 100 Mbps representaron 31 % del total en 2024, frente a 11 % en 2021.

Este cambio indica una mejora en la capacidad técnica de una parte de los hogares conectados. Una conexión más estable o de mayor velocidad puede facilitar actividades simultáneas: navegación, video, pagos, mensajería, atención digital, búsqueda de productos y uso de servicios en línea.

La infraestructura de red, por lo tanto, no es un dato separado del comercio digital. Es parte del entorno que permite que la experiencia de compra sea más fluida o más limitada. En territorios con menor acceso, menor velocidad o mayor dependencia de datos móviles, la relación con el comercio digital tiende a ser menos continua.

Una infraestructura silenciosa

El acceso a internet en hogares mexicanos permite mirar el comercio digital desde una capa menos visible que las ventas, los pagos o las categorías de producto. Esa capa es la infraestructura cotidiana: la conexión disponible, el dispositivo en uso, la estabilidad de la red y el lugar desde donde se integra internet a la vida diaria.

México ya cuenta con una mayoría de hogares conectados, pero la distribución territorial sigue siendo desigual. Esa diferencia ayuda a explicar por qué el comercio digital crece de manera amplia, aunque no de forma uniforme en todo el país.

La conectividad doméstica no es el único factor del comercio electrónico mexicano. Sin embargo, es una de sus condiciones materiales más importantes. Sin hogares conectados de manera regular, el comercio digital pierde continuidad, frecuencia y profundidad social.

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