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Análisis, contexto y datos sobre comercio digital en México.


Salud y bienestar en el comercio digital mexicano

La compra en línea de productos asociados al cuidado personal, la higiene, la farmacia y el bienestar muestra una zona sensible del ecosistema digital: combina hábitos cotidianos, regulación sanitaria, confianza y desigualdades de acceso.

En México, el comercio digital ya no se limita a bienes ocasionales o compras de temporada. La ENDUTIH 2024 del INEGI registró que 35.8% de las personas reportó haber hecho compras por internet; dentro de los productos adquiridos, los artículos de uso e higiene personal ocuparon el primer lugar, con 77.9%, mientras que los artículos de salud aparecieron con 18.6%. La diferencia no es menor: muestra que el bienestar digitalizado avanza con fuerza en lo cotidiano, pero la salud mantiene una relación más cautelosa con el canal en línea.

Salud y bienestar en el comercio digital mexicano: una categoría de confianza gradual

La salud y el bienestar forman una categoría amplia, a veces imprecisa. En el comercio digital mexicano conviven productos de higiene, cuidado personal, cosméticos, artículos de farmacia, suplementos, dispositivos menores y bienes asociados a rutinas de autocuidado. Esa amplitud explica parte de su crecimiento, pero también sus tensiones.

El Estudio de Venta Online 2025 de la AMVO estimó que las ventas online retail en México alcanzaron 789.7 mil millones de pesos durante 2024 y representaron 14.8% de las ventas totales del comercio minorista. En ese marco, la categoría de belleza y cuidado personal registró una penetración de compra online de 47% entre compradores digitales del panel analizado, mientras que farmacia apareció con 30%.

El dato permite observar una frontera: lo relacionado con imagen, higiene y cuidado diario parece adaptarse con mayor facilidad a la compra digital; lo estrictamente sanitario mantiene una adopción más contenida. La explicación no está solo en la logística. También intervienen la necesidad de información clara, la confianza en el origen del producto, la sensibilidad de los datos personales y la regulación aplicable.

El bienestar digital también ocurre fuera del carrito de compra

En este campo, el bienestar no se reduce al producto comprado. También incluye la forma en que las plataformas, la publicidad y los hábitos de conexión moldean decisiones de consumo. El IFT, en su Primera Encuesta 2024 sobre usuarios de servicios de telecomunicaciones y desintoxicación digital, documentó preocupaciones relacionadas con el tiempo de conexión, la exposición a redes sociales y las compras constantes de productos o servicios anunciados en estos espacios.

Esta dimensión coloca al comercio digital de salud y bienestar en un lugar particular. No se trata solo de disponibilidad o precio, sino de un ambiente de información donde conviven contenido editorial, publicidad, recomendaciones automatizadas, testimonios, reseñas y mensajes con apariencia médica o científica. La línea entre consumo, prevención, estética y promesa terapéutica puede volverse borrosa cuando la comunicación comercial no está claramente delimitada.

Por eso, las instituciones regulatorias tienen un papel más visible en esta categoría que en otras ramas del comercio minorista. COFEPRIS establece reglas específicas para productos vinculados con salud, suplementos alimenticios y publicidad sanitaria. En el caso de los suplementos, la autoridad señala que su publicidad requiere permiso y que no pueden presentarse como modificadores del estado físico o mental salvo en los casos reconocidos por la autoridad sanitaria.

Brechas territoriales en la compra digital de productos de cuidado

La digitalización del bienestar tampoco ocurre de manera uniforme. La ENDUTIH 2024 reportó que la compra de productos o servicios por internet llegó a 39.2% de las personas usuarias en ámbitos urbanos, frente a 19.1% en ámbitos rurales. La misma encuesta registró diferencias relevantes en acceso a internet por entidad federativa: Sonora, Quintana Roo y Baja California Sur tuvieron los mayores porcentajes de población usuaria, mientras que Oaxaca y Chiapas presentaron los menores.

Estas brechas importan porque los productos de salud y bienestar suelen depender de condiciones logísticas, medios de pago, conectividad estable e información verificable. En zonas con menor conectividad o menor bancarización, la compra digital puede quedar concentrada en ciertos segmentos de la población. El resultado no es una categoría homogénea, sino un mapa desigual donde el acceso digital acompaña desigualdades previas.

La expansión del comercio móvil agrega otra capa. El IFT documentó en 2024 una mayor oferta de datos móviles y más proveedores en servicios de telecomunicaciones móviles, con incrementos en planes y esquemas que incluyen mayores bolsas de navegación. Esa infraestructura facilita el acceso cotidiano a plataformas, pero no elimina por sí sola las diferencias territoriales, económicas y educativas que influyen en la compra informada.

Regulación, claridad y trazabilidad como condiciones estructurales

En categorías de bajo riesgo, una mala experiencia de compra suele quedar en el terreno de la devolución, el retraso o la inconformidad. En salud y bienestar, el margen es distinto. Un producto sin información suficiente, una promesa no comprobada o una cadena de suministro poco clara pueden tener implicaciones sanitarias, no solo comerciales.

PROFECO, desde el ámbito de consumo, ha colocado en el comercio electrónico principios como información clara y completa, seguridad, transparencia, confidencialidad y certeza jurídica. Su Distintivo Digital describe estos criterios como parte de los elementos esperados en proveedores que venden por plataformas digitales.

La coexistencia de regulación de consumo y regulación sanitaria muestra que esta categoría no puede leerse únicamente como una rama más del retail digital. Su desarrollo depende de la confianza pública, la trazabilidad de productos, la separación entre publicidad y evidencia, y la capacidad institucional para vigilar un mercado que se mueve con rapidez entre sitios web, aplicaciones, redes sociales y canales híbridos.

El comercio digital mexicano ya incorporó buena parte de las compras asociadas al cuidado cotidiano. La salud, en cambio, avanza con mayor cautela porque toca una zona donde la información, la confianza y la regulación pesan más que la conveniencia. En esa tensión se ubica una de las realidades más delicadas del ecosistema digital: la vida diaria se compra cada vez más en línea, pero no todos los productos tienen el mismo nivel de riesgo ni exigen el mismo tipo de vigilancia.

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