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Análisis, contexto y datos sobre comercio digital en México.


Brecha generacional en el consumo digital mexicano

La edad sigue marcando diferencias importantes en el acceso, la frecuencia de uso, la confianza operativa y la participación real de los mexicanos dentro del comercio digital.

Qué revela la edad sobre el consumo digital en México

La digitalización del consumo mexicano no se distribuye con la misma intensidad entre todas las generaciones. En los grupos jóvenes, internet forma parte de la vida cotidiana, la comunicación, el entretenimiento y la búsqueda de información. En edades mayores, la adopción existe, pero suele avanzar con menor frecuencia, menor permanencia y distintos niveles de confianza frente a procesos transaccionales.

La ENDUTIH 2024 muestra una diferencia clara: el grupo de 18 a 24 años registró 97.0 % de uso de internet, mientras que la población de 65 años y más alcanzó 42.1 %. Entre ambos extremos se observa una curva descendente que no solo describe acceso tecnológico, sino también familiaridad con interfaces, pagos, navegación, comparación de información y resolución de operaciones digitales.

Una adopción amplia, pero no uniforme

La brecha generacional no significa ausencia total de conexión en las edades mayores. Más bien muestra distintos niveles de profundidad digital. Los grupos de 12 a 17 y de 25 a 34 años registraron 95.1 % de uso de internet, mientras que el grupo de 35 a 44 años llegó a 92.3 %. En contraste, los grupos de 55 a 64 años y de 65 años y más tuvieron los niveles más bajos, con 71.0 % y 42.1 %, respectivamente.

También cambia el tiempo de exposición. En 2024, las personas de 18 a 24 años reportaron el mayor promedio diario de uso de internet, con 5.7 horas; el grupo de 25 a 34 años registró 5.6 horas y el de 35 a 44 años, 4.7 horas. En edades más avanzadas, el tiempo promedio fue menor.

Para el consumo digital, esta diferencia es relevante porque la compra en línea no depende únicamente de tener conexión. Requiere repetición, memoria de uso, reconocimiento de señales de confianza, manejo de datos personales, comprensión de métodos de pago y seguimiento de una operación posterior a la compra.

El celular acercó el acceso, pero no eliminó la distancia

El teléfono inteligente redujo una parte de la brecha tecnológica. En México, el celular es el principal dispositivo de conexión y concentra buena parte de la vida digital cotidiana. La ENDUTIH 2024 reportó que 97.2 % de las personas usuarias de internet se conectó mediante un teléfono inteligente.

Esta masificación permitió que más personas ingresaran a servicios digitales sin depender de una computadora. Sin embargo, el uso intensivo de mensajería, redes sociales o contenidos audiovisuales no equivale necesariamente a una adopción plena del comercio digital. La diferencia aparece cuando el entorno digital exige pasos adicionales: crear cuentas, confirmar datos, administrar contraseñas, utilizar tarjetas, verificar cargos, rastrear pedidos o resolver dudas posteriores.

La edad, en ese sentido, no opera solo como dato demográfico. También funciona como indicador de experiencia acumulada con procesos digitales. Las generaciones jóvenes suelen moverse con mayor naturalidad entre aplicaciones, formularios y pagos móviles. En otros grupos, la adopción puede ser funcional, pero menos frecuente o más dependiente de circunstancias específicas.

El comprador digital se concentra en una edad intermedia

El comercio electrónico mexicano ya no puede entenderse como un fenómeno exclusivamente juvenil. El Estudio de Venta Online 2025 de AMVO reportó que el comprador digital mexicano tuvo una edad promedio de 37.4 años. El dato ubica el consumo digital consolidado en una zona intermedia, donde coinciden conectividad, autonomía económica, bancarización y capacidad de decisión de compra.

Esto permite distinguir entre conectividad y consumo. Los segmentos jóvenes pueden tener alta exposición digital, pero no siempre concentran el mayor poder de compra. Los adultos en edades productivas pueden usar internet con menor intensidad que los más jóvenes, pero integrar el canal digital a decisiones de consumo más estables.

La frecuencia también ayuda a entender esa consolidación. AMVO reportó que, en 2024, una parte relevante de los compradores digitales realizó compras en línea de manera recurrente, incluyendo compras mensuales. En términos estructurales, la recurrencia indica que el canal digital deja de ser ocasional y comienza a formar parte de una rutina económica.

Inclusión financiera y confianza operativa

La brecha generacional se cruza con otra dimensión: el acceso financiero. Comprar en línea suele requerir una cuenta, una tarjeta, una aplicación bancaria, una transferencia o algún método de pago formal. La ENIF 2024 reportó que 63.0 % de las personas de 18 a 70 años tenía al menos una cuenta de ahorro formal.

El mismo reporte muestra una digitalización financiera todavía en proceso: 10.3 % de las personas con cuenta tenía una cuenta contratada por internet o aplicación, con un incremento frente a 2021.

Estos datos permiten observar que la adopción del comercio digital no depende solo del dispositivo. También está vinculada con medios de pago, confianza en operaciones no presenciales y experiencia previa con servicios financieros digitales. En edades mayores, las barreras pueden estar menos relacionadas con la conexión y más con la seguridad percibida, la comprensión del proceso y la administración posterior de la compra.

Una brecha que todavía ordena el consumo digital

La brecha generacional en el consumo digital mexicano no divide al país entre conectados y desconectados. El fenómeno es más matizado. Hay jóvenes con alta familiaridad tecnológica pero menor capacidad de compra; adultos con menor tiempo de uso pero mayor peso económico; y personas mayores que adoptan herramientas digitales de forma gradual, selectiva o funcional.

El consumo digital mexicano avanza sobre esa combinación. La edad ordena diferencias visibles, pero no explica por sí sola el comportamiento del mercado. La participación real depende del cruce entre generación, ingreso, conectividad, territorio, bancarización y confianza operativa.

La digitalización ya forma parte del consumo nacional. Su profundidad, sin embargo, continúa marcada por desigualdades internas.

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